Acabar con la colonia

Por Carlos I. Gorrín Peralta

Publicado en El Nuevo Día

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La revista Foreign Affairs monitorea la política internacional de Estados Unidos y publica trabajos de figuras que forjan dicha política. Ha publicado un artículo de Antonio Weiss y Brad Setzer, investigadores de Harvard y del Consejo de Relaciones Exteriores. Fueron funcionarios de alto nivel en el Departamento del Tesoro, y protagonistas en la aprobación de Promesa. Son parte del “gobierno permanente” de EE.UU., ese grupo de funcionarios que definen los pasos que debe seguir el gobierno.

 

El título del artículo –America’s Forgotten Colony: Ending Puerto Rico’s Perpetual Crisis– da por sentado que Puerto Rico es una colonia, y proclama que eso debe terminar. Foreign Affairs ya había publicado en 1978 y 1997 trabajos de Rubén Berríos Martínez que denunciaban la condición colonial y postulaban que la independencia es la mejor opción de estatus para Puerto Rico y Estados Unidos.

 

Weiss y Setzer plantean que Puerto Rico es un territorio no incorporado, una colonia abandonada por el gobierno de Estados Unidos que ha sufrido por décadas un proceso de decadencia, y es una lacra en la autoridad moral de los EE.UU. Aunque la quiebra es producto de gobiernos irresponsables, culpan a los EE.UU. por someternos durante 120 años a un régimen que nos priva de instrumentos de desarrollo económico.

 

Los autores denuncian que la ley Promesa es un “claro y severo recordatorio del estatus colonial”, como si no hubieran tenido nada que ver. Tratan de reivindicarse indicando que el primer paso para enfrentar la crisis debe ser la restructuración de la deuda, la reconstrucción de la infraestructura y la revitalización de la economía. Pero dicen que nada de esto podrá mantenerse sin resolver el problema del estatus.

 

Indican que es preciso terminar la injusta relación colonial y el “purgatorio pernicioso” que representa el régimen actual. Instan a los estadounidenses a apoyar lo que Puerto Rico decida, ya sea revisar la relación actual, declarar su independencia, o convertirse en estado.

 

En cuanto a revisar los términos de la relación actual, estiman que no es adecuado, si no se elimina la territorialidad, que es la causa de la crisis.

 

Sobre la estadidad, identifican varias interrogantes políticas y económicas. A muchos congresistas les preocupa que Puerto Rico tendría más congresistas que 20 estados, y económicamente la estadidad implicaría un incremento sustancial de gastos federales. El mayor obstáculo sería la inescapable aplicación de todos los impuestos federales. Los contribuyentes no podríamos pagar lo que actualmente pagamos, y además pagar contribuciones federales. El gobierno de Puerto Rico tendría que reducir las contribuciones, perdería una tercera parte de sus recaudos y tendría que reducir aún más sus servicios.

 

Estas preocupaciones prácticamente descartan las opciones de modificar la territorialidad u optar por la estadidad. Sobre la independencia, indican que ha contado con poco apoyo electoral, pero le brindaría a Puerto Rico poderes soberanos para controlar sus finanzas y su política económica. Identifican los diversos aspectos que se podrían incluir en una agenda para una transición política y económica armoniosa.

 

La lectura del artículo de Weiss y Setzer evoca el proceso congresional que se dio entre 1989 y 1991, cuando se intentó viabilizar por ley federal la libre determinación de Puerto Rico con el apoyo coordinado de los tres partidos políticos. Los autores indican que los complicados aspectos económicos, culturales y constitucionales que plantea el estatus requieren diseñar conjuntamente un proceso de transición para que el pueblo tenga una visión clara de las opciones ante sus alternativas disponibles, y no las quiméricas ilusiones engañosas de los políticos locales. Los aspectos técnicos serán difíciles, pero por retantes que puedan parecer, la tarea es necesaria.

 

El “estatus es una cuestión de ideología e identidad —indica el artículo— Es … un paso crítico para permitirle a Puerto Rico encaminarse por una ruta económica sustentable a largo plazo. Y para los Estados Unidos, que ha regido a Puerto Rico como una colonia por más de un siglo, darle al pueblo de Puerto Rico la oportunidad de decidir su propio futuro no es solo una sabia decisión de política, es … un imperativo moral”.

 

También para cada puertorriqueño y puertorriqueña es un imperativo moral acabar con el régimen colonial que nos asfixia, para legarle a las futuras generaciones lo que se nos ha negado. El gobierno permanente quiere salir de la colonia e interesa viabilizar el ejercicio pleno de nuestra soberanía, para beneficio de ambos países. Aprovechemos que quienes timonean la política pública de Estados Unidos se han acordado de su colonia olvidada, descartan el modelo colonial que impusieron y proponen su propia reivindicación moral por medio de nuestra libre determinación.